BUSCO PLAN B PARA SALVAR MI PLAN A. LA ENCRUCIJADA DE NUESTROS COCINEROS

Cada vez son más los cocineros que ejecutan un plan B para salvar su plan A. Hecho encomiable y comprensible dada la situación que la alta gastronomía vive, pero qué pasa con los que, como a mí, les gusta ir a sus casas y verles la cara, hablar con ellos e, incluso, retarles a que nos enseñen su cocina pese a estar patas arriba después del servicio. Con nosotros, lo que pasa es que tendremos que acostumbrarnos o,  bien, abrir aún más nuestro abanico en busca de nuevas pasiones.

El último “Ein?” que solté fue hace una semana cuando leí que Berasategui abriría un restaurante en Azerbaiyán. ¡Toma, toma y toma! No sé si por los cantos de sirenas del próximo festival de Eurovisión o quizá  atraído por un gran grupo inversor ruso metido hasta el cuello en negocios petrolíferos. La cuestión es dónde encontraremos a Martín: ¿En Lasarte? ¿Pekín? ¿Punta Cana? ¿Azerbaiyán? Ya sé cuando quiera reservar tendré que decir no sólo el día, la hora y número de comensales, sino también “¿Estará el jefe?

Vaya por delante que esto no es más que el relato de una realidad de la que Sergi Arola habla con poquitos pelos en la lengua (como es habitual en él). Si no salen, investigan, se dejan seducir por inversores y de su mano abren nuevos negocios, su niña bonita, el restaurante por el que soñaron en edades tiernas, echa el cierre y eso ¡sí que no!

Por la senda de los cocineros con plan B caminan otros tantos con acento andaluz, extremeño, valenciano, catalán y hasta aquí puedo leer. Y, atentos todos, porque estoy leyendo cosas increíbles que van más allá de locales de ensueño en ciudades como Nueva York, leo cosas sobre sopas frías, incluso potitos. ¡Tiembla Campbell que regresa la Armada Española empuñando cucharones brillantes y cuchillos afilados!

La otra cara de la moneda la encontramos en aquellos cocineras/os que están destinados a ser profetas fuera de su tierra sin ni siquiera haberlo intentado una sola vez en territorio español. Carlos Medina, el conocido en Twitter por @wavecheff, nos contaba el otro día que era Chile el país que le abría las puertas al tiempo que reclamaba ayudas, apoyos y otros menesteres monetarios para poder abrir un restaurante, su plan A, en su Valencia del alma.

Y después de todo, de amar y odiar a la vez la figura del “chef ejecutivo”, quiero pensar que lo están haciendo lo mejor que les dejan. Estamos en una época en la que el querer y el poder van más de la mano que nunca. Es tiempo del pasito a pasito.

  

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