Tengo hambre…y cuando tengo hambre me da por soñar. Rarita la niña, si, pero qué le vamos a hacer! Y si sueño, siempre es bonito. Bueno, a lo que iba que me lío. Después de leer mucho sobre el restaurante Piñera y su joven chef, Javier Aranda, allí que me fui a comprobar sus bondades de primera mano. Y, cierto, buena cocina, sencilla, sin pretensiones, inmejorable producto y carta correcta. Así, como este pato azulón con verduras de temporada.

Pero todo hay que decirlo, fui un miércoles y la cocina estaba a mil ante una inesperada llegada de clientes. Y he aquí cuando Oscar Marcos, el primer maitre, entra en acción. Con un trato inmejorable salvó lo que eran más de 20 minutos de retraso en servir los entrantes. Y esto no es más que “cómo un buen servicio de sala puede solucionar un problema en cocina”. Si, a ver si empezamos a reconocer a estos profesionales que son los que pueden alegrar o fastidiar la maravillosa cadena de sorpresas que se crea en los restaurantes.

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